Alrededor de la Luna para niños

¿Por qué leer un resumen del libro Alrededor de la luna de Julio Verne?

Alrededor de la luna es un excelente libro para niños y no tan niños de Julio Verne. Es la continuación de su obra: De la Tierra a la Luna, que también puedes encontrar aquí, por lo que si no lo has leído, te recomendamos leerlo primero.

Alrededor de la Luna Resumen

Más que un resumen por capítulos, esta es una adaptación para niños, por lo que el libro mantiene su esencia para el público infantil, así que puedes disfrutar de esta sinopsis en partes sin perderte de nada esencial. 

Sólo un dato antes de continuar: ¿sabías que Julio Verne incluyó en sus libros muchos artefactos que no existían, pero que años después serían inventados? 

Alrededor de la luna para niños en PDF

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Alrededor de la Luna para niños

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ALREDEDOR DE LA LUNA (resumen por capítulos)

LO QUE SUCEDIÓ ANTES DE ESTA HISTORIA

Esta historia es la continuación del libro De la tierra a la Luna. Si no lo conoces, no te preocupes, aquí te lo contaré. Pero no olvides leerlo, pues es muy emocionante.

Trata sobre un grupo llamado el Club Cañón. Ellos eran hombres que se dedicaban a hacer armas para las guerras. Había pasado tiempo sin que construyeran nada nuevo, pues el mundo estaba en paz. Estaban tan aburridos que el presidente del club, llamado Barbicane, tuvo una gran idea. ¡Decidió construir una bala gigantesca para lanzarla con un enorme cañón hacia la Luna! Todo iba muy bien, excepto que tenía un enemigo de nombre Nicholl. Él no quería que lograra armar su gran invento. Pero al presidente no le importaba lo que ese envidioso dijera.

Por otro lado, un francés llamado Michel Ardan le propuso a Barbicane viajar dentro del cohete. Nadie podía creerlo, pero finalmente aceptó y a toda prisa comenzó a construir lo necesario para que su proyectil, llamado El Columbiad, llevara a un pasajero dentro. Fue entonces que Nicholl decidió ir a enfrentar a su enemigo y al nuevo pasajero para evitar que lograran lanzar la bala a la Luna. Eso hizo enojar tanto a Barbicane que lo retó a un duelo. Cuando Maston, que era el mejor amigo y ayudante del presidente, se enteró, pidió la ayuda de Michel Ardan.

Cuando por fin los encontraron en el bosque, les dijo que lo mejor era no pelear, pues ambos eran muy inteligentes y les propuso viajar con él a la Luna. Como ambos querían demostrar que eran más valientes que el otro, aceptaron. Ese libro termina con el despegue del Columbiad y la noticia de que el cohete no había llegado a la Luna, si no que sólo se quedó dando vueltas como un satélite. Maston tenía la esperanza de volver a ver a los tres aventureros, en especial a su amigo Barbicane.

En este libro te contaré todo lo que sucedió con ellos dentro del Columbiad y el desenlace del increíble viaje. ¿Quieres saber si lograron pisar la Luna y descubrir si allí había extraterrestres o algo más increíble? ¿Te gustaría saber qué fue lo que vieron y si lograron volver a casa? ¡Pues no dejes de leer! ¡La aventura apenas comienza!

A TOMAR POSICIONES

El presidente Barbicane, el capitán Nicholl y Michel Ardan se habían despedido de todos. Estaban en sus asientos listos para el despegue. Viajaban también un par de perros que se esperaba que sobrevivieran en la Luna.

Debes saber que Ardan soñaba con encontrar selenitas en aquel lugar. Así les llamaban a los supuestos habitantes de la Luna. Para eso llevó semillas y animales, pues quería mostrarles las cosas de la Tierra para que conocieran algo sobre la humanidad y la vida en nuestro planeta.

Faltaban tan sólo veintiséis segundos y, aunque estaban nerviosos, su emoción era más grande. En sus mentes sólo había una imagen: sus pies sobre la Luna.

Se hizo un silencio absoluto. Lo único que se escuchaba era un tic-tac del reloj marcando los últimos segundos y los latidos de sus corazones acelerados. De repente ¡hubo un choque espantoso! El Columbiad salió volando a toda velocidad hacia el espacio con una gran cola de fuego, humo y el polvo de la explosión.

LA PRIMERA MEDIA HORA

¿Qué pasó? ¿Estaban vivos aún? Todo estaba oscuro dentro del proyectil. Parecía estar intacto por fuera. Por dentro, en cambio, algunos objetos se aplastaron contra el piso. Por fortuna, la mayoría de las cosas estaban en perfectas condiciones.

Al fondo del cohete, estaban los cuerpos de nuestros tres aventureros. Ninguno se movía. ¿Estaban vivos? Parecía que no. Hasta que de pronto uno se movió. ¡Era Ardan! Con mucho trabajo se puso de rodillas y se sacudió un poco.

―Qué alivio, estoy completo ―dijo tocándose el cuerpo. ―¿Y los demás? ¡Nicholl, Barbicane!

Como no veía nada, los buscó con las manos, pues no le respondían. Le llevó algunos minutos ponerse de pie, pues aún estaba mareado y aturdido por el impacto. Cuando por fin estuvo listo, encendió una luz. Fue entonces que los vio desmayados. Levantó a Nicholl y le dio primeros auxilios para despertarlo. Después de un momento, por fin abrió los ojos y le dijo:

―Barbicane… ¿dónde está?

―Desmayado. Vamos, recupérate y ayúdame ―le contestó Ardan un tanto preocupado.

Cuando Nicholl se sintió mejor, levantaron a Barbicane. Tardaron un rato en hacerlo reaccionar, pero finalmente lo lograron.

―¿Estamos volando? ―dijo Barbicane aún aturdido.

Habían olvidado por completo el Columbiad, pues estaban más preocupados por sus vidas.

―Buena pregunta. ¿Volamos o seguimos estacionados en Florida? ―preguntó Nicholl.

―O en el fondo del golfo de México ―dijo Ardan.

―¡Cómo crees! ―exclamó Barbicane levantándose con dificultad.

Cualquier cosa era posible, pues no recordaban haber escuchado la explosión del lanzamiento, ni nada de lo que sucedió después. Eso los asustó mucho, así que corrieron a abrir las cortinas de las ventanas del proyectil, para ver dónde estaban.

―¡No, señores, no hemos caído en el mar, ni seguimos estacionados en Florida! ¡Estamos en el Espacio! ―gritó Barbicane.

Por una de las ventanas ya podían ver la Tierra a lo lejos y del otro lado a la enorme Luna, tan cerca como nunca antes la habían observado. De pronto, Ardan notó que había un tercer objeto luminoso y en movimiento. Se acercaba a toda velocidad hacia ellos.