El jinete sin cabeza para niños

Libro del jinete sin cabeza en versión infantil o juvenil

El jinete sin cabeza no sólo es una leyenda corta que ha pasado de generación en generación, sino que también es un libro genial de Washington Irving. Así que aquí vas a disfrutar de un cuento en versión infantil, para que los niños puedan disfrutarlo.

Eso sí, lo mejor es que lo leas en compañía de tus papás, o mejor aún, ¡léeselo a tus padres! Así ellos van a espantarse y disfrutan juntos de un lindo momento de miedo .

¡Ah! Y no olvides compartirle este libro a tus amigos… y no tan amigos. 

El jinete sin cabeza para niños en PDF

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El jinete sin cabeza para niños

La leyenda del jinete sin Cabeza para niños

La historia que te contaré trata de un pequeño pueblo mágico llamado Sleepy Hollow, o en español: Valle Tranquilo.

Este lugar estaba sobre una colina y la gente decía que era el más pacífico del mundo. Ahí no había ruidos molestos, todo era silencioso y lo único que se escuchaba era el bello canto de los pajaritos. Cualquiera que quisiera pasar una vida sin problemas, seguro sería feliz en esta aldea.

En este sitio, que se encontraba en Estados Unidos, vivían holandeses con sus familias.

Muchos creían que era tan tranquilo porque estaba encantado. Pensaban que un viejo alemán había lanzado un hechizo sobre la aldea, o que los indios que habitaban antes ahí hicieron tanta magia que dejaron su esencia en el lugar. No importa cómo fue, pero esa sensación de encantamiento estaba presente hasta en sus habitantes, porque parecían hipnotizados por una fuerza extraña, pero nada de temer, pues todos eran muy buenas personas.

La gente de Sleepy Hollow creía en todas las cosas que tuvieran que ver con magia, monstruos, encantamientos, brujas y cosas parecidas. Por eso conocían muchas historias. Hablaban de voces que se escuchaban en el bosque, brujas que cruzaban el cielo o fantasmas que aparecían en el camino.

Pero había una narración que era la más conocida y terrorífica de todas. La conocían como “La leyenda del Jinete sin cabeza”. Contaban que era el espíritu de un soldado de guerra que había perdido la cabeza en una batalla. Algunos aldeanos lo habían visto correr de noche a toda velocidad. Decían que a veces llegaba hasta una iglesia cercana. Como era una historia muy contada entre la gente, no faltó algún curioso que quiso investigar qué había pasado con ese soldado. Descubrió que había sido enterrado en el templo religioso y que por las noches iba al lugar donde había muerto a buscar su cabeza.

Las personas que visitaban Sleepy Hollow llegaban sin creer ninguna historia, pero después de un rato ahí, parecía que habían sido también encantados por el lugar y aseguraban ver y escuchar cosas mágicas.

En el pueblo vivía un hombre llamado Ichabod Crane. Él era un maestro de primaria. Cuando daba sus clases a los niños de la aldea, apenas se escuchaban sus voces y de inmediato retumbaba la del profesor. Era muy estricto, pero siempre bueno con sus alumnos. Cada que salían al recreo, a él le gustaba jugar con todos en el jardín.

El trabajo de Ichabod era mal pagado. El dinero que tenía era muy poco y no le alcanzaba ni para comer bien. Afortunadamente, en ese lugar tenían la costumbre de cuidar a sus maestros, aunque pensaban que la escuela era inútil para sus hijos. Así que cada semana vivía en una casa diferente de la aldea, en la que le daban un lugar donde dormir y comida suficiente. Lo único que él llevaba a cada hogar, era una pequeña tela con sus cosas personales.

Los aldeanos pensaban que tener a un maestro en su casa era un gasto innecesario, por eso Crane siempre buscaba la forma de ayudarlos. A veces se encargaba de la granja, sembrar u ordeñar vacas y otras ocasiones cuidaba a los niños o hacía la cena. Sólo así tenía contenta a la familia con la que vivía temporalmente.

Ichabod no sólo era un buen maestro de escuela y ayudante de casa, también daba clases de canto a la gente del pueblo y con eso ganaba un poco más de dinero. Cada domingo cantaba con su coro en la iglesia y eso hacía que los aldeanos lo apreciaran más aún.

Gracias a su amable carácter, el profesor les agradaba a las mujeres del lugar. En especial porque sabía mucho sobre magia y fantasmas. Ellas disfrutaban platicar con Crane y escuchar acerca del libro que más conocía: Historias de brujas.

Después de dar clases a sus niños, Ichabod iba al arroyo y se acostaba junto a un árbol a leer historias de terror hasta el oscurecer. Después volvía a la aldea atravesando bosques oscuros y pantanos tenebrosos. En el camino, cualquier sonido o movimiento lo asustaba mucho, pero siempre descubría que era el viento o algún animal nocturno. Cuando de verdad se sentía muy asustado, empezaba a rezar y caminaba muy a prisa cantando alguna canción religiosa.

Otra de sus terroríficas diversiones, era pasar las noches de invierno, con las mujeres holandesas que se dedicaban a tejer abrigos y cobijas para el frío. Junto a una fogata, ellas le contaban cuentos acerca de casas embrujadas, fantasmas del bosque, duendes y cosas parecidas. La favorita de Crane era la del Jinete sin cabeza. Él también les contaba historias que se sabía sobre las brujas y hechizos o les hablaba de las estrellas fugaces y su poder mágico. Otras veces tan sólo las asustaba contándoles cosas científicas, como que la Tierra da vueltas y la mitad del tiempo todos estaban de cabeza. Esto aterrorizaba a las señoras y a Crane lo divertía mucho. Al final tenía que volver a la casa donde se quedaba esa semana y el asustado era él, pues caminaba solo en medio de la noche. Después de escuchar todas esas historias, su imaginación lo traicionaba con cualquier cosa que escuchaba o veía, en especial por el temor de encontrarse con el malvado Jinete sin cabeza.

Al final, nunca le pasaba nada. Su vida era tranquila y feliz, hasta que llegó a su vida alguien que de verdad le quitó el sueño y la paz: Katrina van Tassel. Ella era una hermosa joven que fue a la aldea a tomar clases de canto al coro de Crane. Se puede decir que era la más bella de la aldea y lo sabía, por eso le gustaba ser coqueta con algunos. Su familia era muy rica y siempre iba bien vestida.

A Ichabod le emocionaba la idea de casarse con ella. Se imaginaba viviendo en la enorme casa Tassel, rodeado de grandes campos y hermosas granjas. Cada animal del lugar lo veía servido en un delicioso plato junto a las jugosas frutas y verduras del lugar. No sólo estaba enamorado de Katrina, si no que sabía muy bien que, al convertirla en su esposa, sus problemas de dinero estarían resueltos. Casi estaba seguro de que así viviría dentro de poco tiempo, pues no dudaba que lograría conquistar a la bella joven.

Cuando le tocó ir para quedarse una semana con la familia Tassel, su corazón latió de felicidad. Ahora le iba a ser más fácil acercarse a Katrina y enamorarla de una buena vez.