La Odisea para niños

La Odisea es un increíble libro que escribió Homero hace muchos, pero muchos años. El también escribió otro libro llamado La Iliada. 

En este resumen para niños y jóvenes de La Odisea vas a encontrar todas las aventuras de Odiseo (o Ulises), pero lo mejor es que esta versión infantil y juvenil tiene un lenguaje claro y sencillo para que no te pierdas ningún detalle. 

Cada uno de los cantos (algo así como los capítulos) hay una gran aventura, así que no te pierdas ninguno. 

La Odisea para niños

En este libro encontrarás las aventuras de Ulises de su regreso a casa, después de la guerra de Troya.

Ulises era un hombre que había recorrido muchos caminos. Estuvo perdido durante algunos años sin poder volver a su hogar. Tuvo que enfrentar la furia del mar, tratando de asegurar el regreso de sus compañeros. Pero algunos dioses le impidieron lograrlo como él quería, haciéndolo naufragar. La historia de Ulises está llena de criaturas mágicas y con poderes capaces de convertir a una persona en cerdo. Increíble, ¿no?

CANTO 1

Ulises logró llegar a una isla después de su naufragio. Ahí, la ninfa Calipso lo retuvo, pues quería que se convirtiera en su esposo. Mientras tanto, los dioses estaban en Monte Olimpo escuchando a Zeus, el padre de los dioses, quien dijo:

—¡Cómo culpan los mortales a los dioses!, ellos dicen que de nosotros vienen todos los males. Pero ellos soportan más dolores de los que deberían porque actúan de mala manera.

Atenea, la diosa de la sabiduría lo escuchó tranquilamente. Sus ojos brillaban mientras Zeus hablaba.

—Padre —dijo Atenea, pues Zeus era su papá—. Tienes razón, los hombres también son responsables de sus acciones. Pero ahora quiero recordarte al pobre de Ulises, pues lleva mucho tiempo lejos de su gente y está preso en una isla. Calipso, la hija de Atlas, lo retiene con hechizos para que se olvide de su hogar y de su esposa, en Ítaca. Pero Ulises prefiere desaparecer antes que olvidarse de su mujer y sus amigos. Y tú, padre, te has olvidado de él. Recuerda que te ayudó mucho en la guerra de Troya. ¿Por qué guardas tanto rencor?

Zeus estaba impresionado por las palabras de su hija. Y es que ¡tenía razón! ¿Cómo podía olvidarse de Ulises? Era un hombre muy inteligente y tenía astucia. Entonces Zeus recordó que Poseidón, el dios del mar, estaba enojado con Ulises por haber dejado ciego al Cíclope Polifemo, por eso no le permitía volver a casa (el propio Ulises nos contará más adelante estas aventuras). Zeus ordenó que todos pensaran la forma en que nuestro héroe pudiera regresar a Ítaca.

Decidieron enviar a Hermes, el mensajero de los dioses, para decirle a la ninfa Calipso que liberara a Ulises. Por su parte, Atenea viajo a Ítaca, para darle valor al hijo de Ulises, Telémaco, que estaba preocupado porque muchos hombres se querían casar con su madre, Perséfone, porque creían que Ulises jamás volvería.

Atenea se disfrazó de hombre y acudió a una comida con todos los que deseaban casarse con Perséfone.  La diosa le dijo a Telémaco que su padre estaba vivo en alguna isla donde lo capturaron hombres crueles y salvajes, y claro, la ninfa Calipso. Al ver que Telémaco se emocionaba, agregó:

—Tu padre ya no estará mucho tiempo lejos de casa, encontrará la manera de volver. Los inmortales me lo han dicho y me enviaron para que yo te lo comunique.

Sin embargo, el hijo de Ulises se encontraba triste porque no sabía la forma de sacar de su casa a los pretendientes de su madre. Atenea ordenó a Telémaco que tuviera el valor de echarlos para que regresaran a sus respectivos hogares. Pero también le dijo:

—Te recomiendo que tomes un barco y vayas a visitar a Néstor y a Menelao. Ellos podrán informarte si tu padre volverá pronto. Si te dicen que regresará, espera otro año. Pero si oyes que Ulises no podrá volverá jamás, debes deshacerte de los pretendientes y dejar que Perséfone elija un buen marido, si ella así lo desea.

CANTO 2

Al amanecer, Telémaco tomó valor y convocó a una asamblea con todos los aqueos, que era el pueblo de Ulises. Se quejó ante todos porque los pretendientes que buscaban a su madre bebían vino y se comportaban como animales. Pero un hombre llamado Antínoo, se burlo de Telémaco y dijo:

—Sabes bien que tu madre es la culpable y no los pretendientes. Nos dijo que tejería un gran manto y cuando lo acabara podría casarse de nuevo. ¡Pero tu madre es astuta!, por el día tejía, pero por la noche deshacía lo que le había hecho  al manto. ¡Así pasaron cuatro años!, hasta que nos enteramos de la gran mentira.

—Ustedes no tienen ningún derecho a hablar así de mi familia —respondió Telémaco—. Los dioses nos escuchan. Sé que Zeus castigará sus obras de algún modo.

Zeus aprovechó el momento y envió dos águilas grandes y fuertes para asustar al pueblo ahí reunido. Luego un hombre dijo que Ulises estaba cerca de volver. Era un anciano héroe que había dicho que Ulises volvería solo después de veinte años.  Todo se estaba cumpliendo.

Telémaco pidió hombres para embarcarse a Esparta para buscar a Néstor y Menelao, como Atenea le había dicho. El hijo de Ulises estaba ahora lleno de valor, pues lo había heredado de su padre. Se embarcaron y Atenea los acompañaba, haciendo que el viento fuese favorable. Navegaron toda la noche y durante el amanecer.

CANTO 3

Una vez que pisaron tierra, se dirigieron a casa de Néstor, para averiguar sobre el paradero de Ulises. Después de un breve brindis, decidieron que era el momento de decir por qué habían ido hasta esas tierras para hablar con él.

—Forasteros —dijo Néstor—. ¿Quiénes son? ¿De dónde han llegado navegando? ¿Andan sin rumbo como piratas del mar, exponiendo sus vidas y destruyendo las tierras?

Atenea le infundió valor y Telémaco respondió:

—Hemos venido de Ítaca. Estoy buscando noticias sobre mi padre Ulises, que luchó en Troya a tu lado. Nadie sabe decirme dónde está mi padre. Por eso vengo a ti, para que me digas si conoces su destino. Te lo suplico, cuéntame la verdad.

—Hijo mío —contestó Néstor—. Me has recordado las penas que tuvimos que pasar en aquel país, Troya. Sufrimos muchos males. Ulises era muy superior a todos nosotros. Zeus creyó que no todos eran prudentes y justos, nos dividió y preparó muchas desgracias. Ulises no partió con nosotros para satisfacer a Agamenón, el jefe de los aqueos.

Néstor no podía decirle mucho a Telémaco, porque no sabía dónde estaba, así que le pidió que se quedara a dormir. Le dijo que tuviera fe, pues la diosa Atenea lo acompañaba. Al día siguiente le dio fuertes caballos para que siguiera su camino en busca de noticias de su padre. Telémaco cabalgó hacia Esparta.

CANTO 4

Cuando llegaron a Esparta fueron a la casa de Menelao. Los recibió con gustó y les sirvió un banquete. Telémaco, al ver la belleza del palacio donde se encontraban, dijo en voz baja que así debía verse el gran palacio del dios Zeus. Menelao lo escucho y comentó:

—¿Pero qué dices?, ninguno de los mortales se puede comparar con Zeus. Él es inmortal, y todo lo que posee es mejor que lo nuestro. Quizás alguno de los hombres sí pueda competir conmigo en riquezas. Las he traído después de navegar mucho tiempo. Pero alguien, mientras yo viajaba, traicionó a mi hermano con ayuda de su esposa. Así que no me alegra tener estas riquezas. Pero lo que en verdad me pone triste es el recuerdo de Ulises. Él ha sufrido mucho y de él no sabemos nada hace demasiado tiempo.